El iPad causa un efecto extraño en la gente, y desde que tengo el mío he podido comprobarlo en varias ocasiones. Como todos los productos de la compañía de la manzana, provoca amor y odio a un tiempo. Para muchos cualquier cosa que construya Apple merece la pena, es chic, resulta cool y se convierte en una necesidad desde antes de estar disponible. Para otros no es más que otro tipo de monopolio, con hordas de usuarios snobs y prepotentes que compran estatus en lugar de productos.
A veces estoy de acuerdo con unos y a veces con otros, probablemente porque ambas versiones tengan algo de cierto. Los productos de Apple son excelentes -me refiero a su calidad, acabado, experiencia de uso y durabilidad-, por lo que cada vez que ha caído uno en mis manos ha conseguido desplazar a cualquier otro que sirviese para cubrir la misma necesidad. Pero también es cierto que son cerrados y limitados, obligando al usuario a adaptarse a vivir en un universo paralelo en el que no puede entrar absolutamente nada que no haya sido aprobado por un Steve Jobs que cada vez se parece más a un dios genial y vengativo. Y los usuarios se adaptan y viven en ese universo cada vez más poblado.

Decía que el iPad causa un efecto extraño en la gente, y probablemente si tienes uno estarás de acuerdo conmigo. Antes de tenerlo en sus manos he oído a la gente argumentos de todo tipo para atacar el dispositivo, justificar la decisión de no comprarlo, quejarse por el monopolio en que se están convirtiendo los productos de Apple y burlarse de un dispositivo que no viene a cubrir ninguna necesidad, que no tiene hueco en el mercado, que no tiene teclado ni puertos ni ranuras (¿acaso es un netbook?) y con el que no se pueden reproducir contenidos flash. Es un iPod touch gigante. No tiene cámara, no se pueden compartir contenidos por Bluetooth, es caro (sobre todo es caro) y realmente no lo necesitan.
Totalmente de acuerdo con el 90 por ciento de las afirmaciones. Son ciertas. Pero luego dices "mira, me he traído el iPad ¿quieres probarlo?". Y lo miran con veneración. Les da miedo tocar los iconos. No quieren hacer nada por no estropearlo. Entonces les enseñas lo que pueden hacer con él. El vídeo, la música, Internet, correo, aplicaciones de productividad, juegos, entretenimento, fotos. Todo con los dedos. Todo sin conocimientos previos. Todo sin libro de instrucciones.
Entonces les gusta. No lo necesitan. Es muy caro. No sirve para nada que no puedan hacer con otros dispositivos. Pero les gusta. Y si lo llevan a casa y lo tocan sus hijos están perdidos: tendrán que comprar uno antes o después. Eso es lo que consigue Apple con sus dispositivos y lo que el resto de la industria no deja de atacar mientras lo admira secretamente.
¿Y yo, qué? Pues yo dije que quería uno desde que Steve Jobs lo anunció. He seguido los rumores, me he emocionado con cada anuncio de características, con la presentación en Estados Unidos, con los primeros que llegaron a España de manera no oficial. Y ahora que lo tengo, no puedo estar sin él. Llego a casa deseando tocarlo, usarlo, mirar el correo, jugar, navegar, ver vídeos en YouTube y decenas de cosas nuevas que añado con cada aplicación que instalo. ¿Es enfermizo? ¿Es una adicción? Está claro que sí. Pero de momento no quiero la cura :-)
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